El Mercedes 500 E W124 cumple 25 primaveras


Una pretenciosa berlina que logró brillar con luz propia

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El Mercedes-Benz 500 E W124 es uno de esos modelos que llenan tu cabeza de recuerdos. Bajo el titular “El fuego y la seda” se publicaba en 1991 la primer noticia sobre el 500E. Mercedes entraba así de lleno en el segmento de los “sport-sedán” inaugurado años antes por el BMW M5.

Desarrollado en colaboración con Porsche, el Mercedes 500E se basaba en el 300E pero con numerosas modificaciones estéticas y técnicas. Cada unidad fue construida a mano, siendo transportada ida y vuelta de la planta de Mercedes en Stuttgart a la planta Porsche de Zuffenhausen durante su montaje, empleando una media de 18 días de trabajo por unidad.

Su aspecto exterior sigue siendo de berlina sobria y elegante, solo unos pasos de rueda ensanchados y una nueva defensa delantera que integra dos pequeños antinieblas podían delatarle. Por lo demás, denotaba esa imagen arrogante de todo Mercedes ‘cuadradote’ que hasta llega a rozar lo insultante y que, junto a los neumáticos 225/55/16 que calza, solo un entendido puede adivinar que aquél coche tan igual era al mismo tiempo tan diferente…Enemigo de lo políticamente correcto, desde la discreción convivía con esa inefable debilidad.

Con este modelo los de Stuttgart habían conseguido el equilibrio: era la primer berlina deportiva que hacía gala de las mejores maneras en autopistas y viajes largos y uno de los “deportivos” más radicales que, sin serlo, se podía comprar por aquel entonces.

El motor se podría decir que era totalmente nuevo -se apostó por el bloque del 500SL, sin duda una opción segura-, pero bajo una importante puesta a punto que pasaba por el empleo del aluminio en muchos de sus componentes como el árbol de levas o los taqués, nuevo sistema de inyección Bosch LH Jetronic y un colector de admisión rediseñado que mejoraba también la ventilación posibilitando una mejora de par de hasta el 10%.

Y es que este nuevo motor M119 V8 DOCH de 4.975 cc de distribución variable conseguía un llenado perfecto de la cámara de combustión con un aprovechamiento óptimo de combustible y unos consumos que para su generación eran contenidos (aunque 13,5/100km de consumo medio en el fondo nunca lo sean).

¿El resultado? 326 caballos a 5.600 vueltas y 480 Nm a 3.900 revoluciones, cifras que le ayudaban a conseguir una fantástica aceleración hasta 100 km/h desde parado de solo 6 segundos. Además, estos modelos eran conocidos por su fiabilidad: desde el 200D hasta el 500E recibieron el alias de “el coche del millón de kilómetros”, título del que hizo especial gala el 300D por su casi “indestructibilidad”.

Aunque como decía, tomaba la base del 300E W124, todo parecido técnico era pura coincidencia. Con un chasis mejorado, equipaba un sistema hidráulico de suspensión autonivelante con muelles más cortos, estabilizadoras más gruesas y hasta soportes ysilentblocks de un material especial más resistente, todo pensado para encontrar el mejor equilibro entre eficacia y confort. Ningún detalle se dejó al azar, para frenar los 1.725 kg de peso lanzados se optó por cuatro discos ventilados, delanteros de 11,5 pulgadas y traseros de 10, con pinzas de 4 pistones.

Montaba la misma transmisión que su hermano el 500SL, pero evolucionada, así como su eje trasero, igualmente modificado para soportar mayor peso y fuerza. Dadas las fechas en que se fabricó, en esta versión la dotación tecnológica, aunque de primer nivel, no era todo lo extensa que puede ser hoy en cualquier modelo de la estrella. No en vano, equipaba ya por aquel entonces control de tracción (ASR) además de ABS y dos airbags.

Se podía decir que estábamos ante el coche perfecto, un modelo en el que tras un intensivo trabajo publicitario y todas las pruebas a las que fue sometido, los medios de comunicación de la época solo reseñaban aspectos como la deficiente ergonomía del monobrazo limpiaparabrisaso la ausencia de guantera en las versiones con airbag de acompañante, algo que dentro de lo que cabe, es todo un halago para un modelo tan pretencioso.

Con esta colaboración, Mercedes pretendió mejorar lo inmejorable, y lo consiguió. De la mano de esta alianza llegó una obra de artesanía, un conjunto perfecto de formas y equilibrio soberbios. Todo se había tenido en cuenta aunque por fuera casi nada hubiera cambiado. ¡Felicidades!

Fuente: Autonocion

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